Mi Visión de la Psicoterapia

“Un terapeuta no es alguien que sostiene una linterna

para indicarte el camino que debes seguir;

es alguien que levanta una lámpara para que puedas ver

las múltiples posibilidades que tienes en la vida”

 

Miguel Frik

 

Entrar en contacto con la realidad de un paciente, es una experiencia tremendamente transformadora en doble sentido, pues contrario a lo que piensa mucha gente, no sólo transforma al paciente, sino también transforma al terapeuta. Desde mi punto de vista, ejercer la psicoterapia es una maravillosa oportunidad de estar en conexión directa con uno mismo, y por supuesto, con el otro.

Es así, como el dolor del paciente, la experiencia posibilitadora que está viviendo en un momento determinado, abre puertas que pueden ser maravillosas para una vivencia de crecimiento en su vida, permitiendo, a través del dolor y el sufrimiento que en algún momento le empujó al consultorio psicoterapéutico, comenzar a observar con más detalle hechos de su vida, que a través de la visión particular de las sesiones, irán transformando una experiencia paralizante, angustiante, difícil de atravesar; en una experiencia de aprendizaje, de crecimiento, de fluir al ritmo de la vida, de soltar, de dejar el control que muchas veces queremos imponer en los demás, y asumir la responsabilidad de nuestra vida como la única cosa que podemos tener en nuestras manos.

Del otro lado, esa experiencia que está viviendo el paciente, también debería convertirse en una vivencia de aprendizaje para el terapeuta, quien se debe conectar con ese dolor desde una postura muy humana, sentida, responsable (aunque a veces sea conveniente no mostrar esa conexión profunda), para actuar como un catalizador de los procesos del otro. Pero también debería ser una experiencia transformadora en primera persona, para el mismo terapeuta. Una sesión de psicoterapia es una oportunidad de intimidad entre dos almas; que en algún momento hicieron un acuerdo: trabajar en conjunto por la salud emocional y el conocimiento propio de uno de ellos: el paciente. Sin embargo, ese proceso íntimo de transformación puede, y de hecho es así, operar en el darse cuenta del terapeuta, y conectarlo con su proceso propio de conocimiento.

La experiencia terapéutica sólo puede desarrollarse a través de la propia lectura que hace el terapeuta del proceso de dolor del paciente, y esto es posible a partir de una verdadera empatía, de una conexión real, clara y humana que facilite la lectura de ese dolor. Y ese dolor sólo puede ser comprendido a partir de las propias experiencias dolorosas del terapeuta.

Hay un hermoso mito griego, el mito de Quirón, el sanador herido. Quirón era un centauro, maestro de grandes héroes como Heracles (Hércules en la mitología romana), era inmortal, y tenía el don de poder sanar cualquier herida, tanto emocional como física. Cierto día, Hércules estaba cazando en el bosque, utilizando para ello unas flechas impregnadas con el veneno que había obtenido de matar a la Hidra. Accidentalmente, una de las flechas envenenadas fue a dar en una de las patas de Quirón, hiriéndolo profundamente. Puesto que era inmortal, no podía morir, y aún cuando tenía el don de sanar cualquier herida, no podía sanarse a sí mismo. Herido de muerte, sin poder morir; pudiendo sanar cualquier herida, sin poder sanarse; esa era la ironía y la contradicción que debía vivir. Así las cosas, cierto día logra hablar con Zeus y le pregunta por qué semejante castigo, por qué debía vivir sabiendo que podía sanar a otros, pero imposibilitado de sanarse él mismo. Zeus le contesta entonces: Esa herida la tienes allí, expuesta, para que ocurran tres cosas. La primera, para que tú no olvides que estás herido. La segunda, para que los otros, a quien sanas, sepan que estás herido. La tercera, para que puedas comprender el dolor de los otros a través de tu propio dolor.

Esta es la paradoja del proceso terapéutico. La posibilidad de observar el proceso de un individuo, transformándolo; mientras aquel que cataliza el proceso de sanación tiene la hermosa posibilidad de crecer a través de la herida del otro, de su paciente, sin perder conciencia de su propia herida. Como si en otro plano, el terapeuta también, de alguna manera, pudiera ser sanado por la herida del paciente. Así, en general, se desarrollan todas las relaciones humanas, intercambiando, transformando, influyendo en ambos sentidos. La relación psicoterapéutica no es la excepción.

Desde todo mi agradecimiento por aquellas experiencias transformadoras que he vivido desde mi lugar como terapeuta, y desde todas aquellas que también me han transformado como paciente, mi alma saluda, honra y bendice a tu alma.

|

Comentarios

Wow!!! Sentirme identificada con tus palabras es normal para mí, pero en especial en esta oportunidad, siento que cada una de ellas me habla desde muchas perspectivas, desde la del profesional que espero llegar a ser, como desde la del paciente que hoy en día soy.

He logrado conectarme con el Mito de Quirón, y desde allí siento que es posible, después de escucharlo muchas veces, que llegaré a ser una gran terapeuta, pues bien, deseo con todo el corazón realizar ese sueño, pero más allá de todo, anhelo profundamente llegar a tener la oportunidad de vivir lo suficiente, y llenar las expectativas de mi mentor.

Es bastante cierto, que al llegar a compartir con un terapeuta o bien sea con un paciente, nadie se va sin llevarse consigo un aprendizaje, porque esa sinergia, esa energía que se maneja en esos momentos, es perfecta, nada llega por casualidad y siempre, indiscutiblemente, tenemos algo que aprender del otro, sin importar el rol que nos toque representar en un momento dado.

Desde mis espacios consagrados a mí como paciente y desde aquellos que vislumbro y se abren ante mí como terapeuta, mi alma se identifica con la tuya y agradece todo lo que a diario le brindas “Maestro”...

Responder

Gracias, Miguel ,por compartir esta interesante y aleccionadora publicación.

Por experiencia sé que lo que planteas es una gran verdad; cuando existe esa conexión entre el terapeuta y su paciente, la comunicación fluye y el proceso de sanación también.

Qué importante es sentirse cómodo y a gusto con nuestro terapeuta, que haya un proceso de empatía a pesar de que no se comprometan los sentimientos del profesional.

El proceso de recuperación ante una pérdida y/o un gran dolor no es fácil y muchas veces largo y doloroso porque se remueven "pequeños infiernos" que viven en nuestro interior y que muchas veces son responsables de nuestras experiencias y/o malas elecciones. Pero con el apoyo de un buen terapeuta, sensible y humano ese largo trayecto del duelo se hace más llevadero.

Saludos y felicitaciones de una persona herida en proceso de recuperación, Que Dios te bendiga siempre!

Responder

Comparto buena parte de tus reflexiones que lejos de ser reflejo de lo leido, tiene el sabor de quien a transitado por estancias de desarrollo personal, de forma atrevida y reflexiva, a la vez. Felicidades!!!

PSIKE Psicología Clínica

Responder

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

Cerrar